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Dios está contigo

miércoles, 25 de marzo de 2009


Sea que usted se encuentre planeando alguna nueva empresa o realizar cualquier acción, fuera de su rutina habitual, si éste fuera el caso, existen cuatro principios que puede aplicar para que todo lo que haga le salga más que bien. Lo primero, es tener bien claro: si lo que estamos planeando hacer, es conveniente o inconveniente. Pues no importa que se trate de una actividad mayor o de una acción de menor envergadura, antes de dar el primer paso resulta por demás adecuado preguntarnos: ¿Será esto para mi bien, en beneficio propio? ¿Tengo las condiciones para hacerlo? Ahora, si analizando el plan con calma, llegara usted a la conclusión de que no le beneficiará, o que no cuenta con las condiciones personales necesarias para llevarlo a cabo, lo más recomendable es tomar otra dirección o por lo menos, pensar un poco mejor las cosas.

Adaptado del Libro: "El Espíritu de Liderazgo" Dr. Myles Munroe. Editorial Whitaker House


Otra pregunta que es de lo más adecuado realizar es la siguiente: lo que estoy por hacer ¿es de alguna ayuda para mi familia? Porque si vivimos dentro de un núcleo familiar, esta interrogante reviste la mayor importancia. Como padres o como hijos, no podemos hacer y deshacer en la vida pensando sólo en nosotros mismos de manera individual. Nuestra tarea es velar para que todas nuestras acciones, nuestros sueños y proyectos en la vida contemplen el bienestar y la felicidad de nuestra familia. Nuestros seres queridos son parte de nosotros, y no podemos pasarlos por alto en nada de lo que hagamos. Por que no tomarlos en cuenta, sería como dejar de amarlos.


Hay una tercera pregunta, que también es de lo más saludable que nos formulemos antes de hacer cualquier cosa, y es ésta: ¿Será para bien de los demás, lo que estoy por realizar? Y mire, que por lo general, no nos importa demasiado cómo influyen nuestros actos sobre los demás. Sin embargo, esta actitud egoísta a menudo rebota contra nosotros mismos. Si en todo lo que hacemos tuviéramos siempre en cuenta el bienestar de nuestro prójimo, cuánto mejor nos iría en la vida. En realidad, nadie puede decir que obra para bien si sus acciones no buscan de alguna forma el bien de sus semejantes. Y existe, todavía una cuarta pregunta que conviene que nos hagamos antes de actuar. La pregunta es: Lo que estoy por hacer ¿honra a Dios? ¿Podrá Él aprobar este proyecto? ¿Será su voluntad, que yo lo haga? A limpia conciencia, y si después de haber hablado con Dios, nos parece que nuestra acción podrá contar con su bendición, entonces avancemos sin temor alguno.

Así que ya lo sabe. Si antes de emprender algo, lanzarse a realizar cualquier cosa o hacer algo pequeño, fuera de la rutina normal, aplicamos estas cuatro preguntas que toman en cuenta, respectivamente, a nosotros mismos, a nuestra familia, a nuestro prójimo y a Dios, sobre todas las cosas, todo lo que hagamos nos saldrá bien. Quizás ahora resulte fácil comprender porqué algunas iniciativas o varios de nuestros intentos en el pasado, terminaron en fracaso. Para que todas las cosas salgan más que bien, sólo se consigue respondiendo afirmativamente las mencionadas preguntas y buscando la sabiduría divina que está a su disposición y a la mía. Sí, es muy sencillo, concédame un instante y se lo ilustro.

Ahí tiene usted, que en Bélgica, entre Amberes y Bruselas, hay un lugar considerado sagrado y que en los años de la segunda guerra mundial, fue una importante prisión nazi. Allí, en esos días sombríos, los prisioneros recibieron indescriptibles malos tratos y torturas. Pero a pesar de todo, había algo que siempre mantenía esperanzados a los cautivos, y que les ayudaba a soportar aquella vida insostenible. En un rincón de una de las barracas, estaba torpemente labrado el rostro de Jesús. Cuando la situación se hacía más dura, aquellos prisioneros de guerra llegaban hasta ahí y colocaban sus manos sobre ese Rostro divino. De ese modo, recordaban que no estaban solos.

¿Qué poder hay en Jesús, que después de veinte siglos de haber convivido con los hombres, el solo recuerdo de su persona todavía hoy día puede ayudar, traer consuelo y aliento al corazón humano? Bien. Lo cierto, es que Él es más que un recuerdo o una historia pasada, Jesús es una realidad presente que sigue actuando en favor de cada hombre y mujer en la tierra, que así se lo pide. Él mismo lo dijo: “…Yo estoy con ustedes, todos los días hasta el fin del mundo”. Esta es una verdad que conviene recordar en cada paso de la vida, en cada proyecto y en todo plan que pensemos realizar: no estamos solos.

Y es que el hombre que vive en solitario encierro; la anciana temblorosa que llora en medio de su soledad; el niño moderno que debe quedarse solo en casa, mientras sus padres trabajan, todos ellos pueden encontrar una compañía más que alentadora en Jesús. Porque además, Él nos dice: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo;” y si eso no fuera suficiente, todavía agrega: “siempre te ayudaré, siempre te sostendré con la diestra de mi justicia”. Estas palabras, que han sacado a miles de vidas de la negra soledad, contienen una invitación a confiar en el Dios Omnipotente y a depender de su amistad. Pues lo cierto, es que todos en la vida tenemos momentos de depresión. Quizás de soledad, de temor, de sufrimiento o de fracaso transitorio. Si usted, querido amigo, amiga se encontrara en uno de esos momentos, aférrese al pensamiento por demás verdadero, de que no estamos solos. Dios mismo se acerca y llega hasta el lecho del enfermo, a dónde se encuentra el que sufre injusticia, al que padece angustia, o al que necesita aliento para la lucha diaria. Lo único que nos corresponde a nosotros, es creer que así es.

Jesús es nuestro poderoso Ayudador. Él nos abre puertas, Él nos allana el camino. Es Él, quien recompensa los actos de bondad. Él llena de alegría y gozo nuestro corazón y es Él, también, quien nos da valor para imitar su vida. ¿Qué le parece? Todos los días se aprende algo nuevo. Hoy es un día de provecho, porque usted aprendió cuatro principios para que todo lo que haga, le salga bien y además, ahora sabes que no estás solo. Dios está contigo.

Publicado por Administrador en 10:57 p. m.  
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