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Negarse a si mismo - Charles G. Finney

domingo, 16 de agosto de 2009

"Y decía a todos: 'Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz cada día, y sígame'" (Lucas 9:23).

A fin de comprender esta solemne declaración de nuestro Señor hay que decidir un punto de capital importancia y es: "¿En qué consiste la verdadera idea de tomar la cruz y negarse uno a sí mismo?"

Está pregunta presupone la existencia de apetitos y propensiones que apelan a la indulgencia, a la vida fácil y muelle, y luego significa, de modo evidente, que en algunos casos esta indulgencia debe ser rehusada. Este es el punto preciso del texto; un hombre que quiere seguir a Cristo debe negarse a sí mismo en el sentido de negarse la satisfacción de todos los apetitos y propensiones, siempre y cuando estas satisfacciones sean prohibidas por la ley del amor. Dentro de los límites de la ley de Dios, estos apetitos de nuestra constitución pueden ser permitidos; más allá de estos límites, deben ser denegados. En cualquier punto en que vayan en contra de la ley del amor a Dios o el amor a los hombres, deben ser negados.

Lo que pide, por tanto, la ley del reino de Cristo es que consultes y obedezcas la voluntad de Cristo en todo este asunto de la indulgencia para con uno mismo; que no obedezcas a los deseos o apetitos -- que nunca satisfagas tu amor a la aprobación -- nunca busques forma alguna de disfrute personal en desobediencia a Cristo. No debes hacer esto nunca cuando sabes cuál es tu deber, pues de lo contrario desagradarás a Dios, ya que es evidente que El tiene el derecho de controlar todas tus potencias.

Bajo este principio tienes que hacer todo tu deber hacia tu prójimo, sea hacia sus cuerpos o a sus almas, negando todos los deseos y tendencias mundanas que podrían entrar en conflicto con tu deber, haciendo de Jesucristo mismo tu modelo y que su expresa voluntad sea tu regla perpetua de conducta.

Muchos van a preguntarse: ¿Por qué exige Cristo de nosotros este negarse a uno mismo?

¿Es porque Dios quiere ver que nos mortificamos, porque tiene placer en que crucifiquemos nuestra sensibilidad al goce, que él mismo nos ha dado? De ninguna manera. La verdadera respuesta hay que hallarla en el hecho de que El nos ha hecho seres morales y racionales: nuestras facultades racionales están planeadas para controlar nuestras actividades voluntarias, y nuestra naturaleza moral para hacernos responsables del control de nosotros mismos que Dios requiere. En los órdenes inferiores de la creación que nos rodea, vemos animales exentos de responsabilidad moral, porque son irracionales e incapaces de acción moral responsable. Para ellos, la tendencia natural es la ley, porque no conocen otra. Pero nosotros tenemos una ley más elevada para obedecer. El mayor bien de los animales es proporcionado por su obediencia a la mera ley física; pero no es así con nosotros. Nuestros sentidos son ciegos moralmente y por tanto Dios nunca quiso que rigieran nuestra vida. Para proporcionarnos una regla apropiada, Dios nos dio la inteligencia y la conciencia. El apetito, por tanto, no puede ser nuestra regla, en tanto que es y tiene que ser la regla de todos los animales inferiores, irracionales.

Ahora bien, es un hecho que nuestros sentidos no están en armonía con nuestra conciencia, y que a veces piden indulgencia o placer cuando, tanto la razón como la conciencia, lo prohíben.

Si nos entregamos al dominio del apetito y de los sentidos sin norma o criterio, sin duda vamos a perder el camino. Estos apetitos crecen cuando se les mima; un hecho que por sí mismo explica por qué Dios nunca quiso que fueran nuestra regla. A veces se forman apetitos artificiales, de tal naturaleza que sus efectos son en extremo perniciosos.

En estos casos somos lanzados a un estado de guerra. Nuestros apetitos nos hacen apelación constante, reclamando indulgencia y libertad, y la ley de Dios y la voz de nuestra razón, hacen apelación constante contra los sentidos, instándonos a que nos neguemos a nosotros mismos y hallemos nuestro bien supremo en la obediencia a Dios. Dios y la razón requieren que nos abstengamos y resistamos las peticiones del apetito de modo serio y firme. Notemos aquí que Dios no requiere esta resistencia, sin al mismo tiempo prometernos ayuda en el conflicto. Es notable la forma en que la resuelta oposición a los apetitos en el nombre de Cristo, bajo las exigencias de la conciencia, permitirá claramente vencerlos. Ocurren casos, con frecuencia, en los cuales los apetitos más despóticos y exigentes han sido dominados por la voluntad, bajo los mandatos de la conciencia y con la ayuda de Dios. Al instante yacen subyugados y la conciencia queda en paz y sosiego.

Vamos a considerar aquí con atención el hecho que nos damos cuenta de tener una naturaleza espiritual y moral además de la física. Tenemos una conciencia, y tenemos afectos referentes a Dios, como también los tenemos respecto a las cosas terrenas. Hay una hermosura en la santidad, y hay cosas relacionadas con nuestros gustos espirituales como los hay a los físicos. Bajo el propio cuidado y esfuerzo, nuestra naturaleza física se desarrolla hacia los objetos terrenos. Somos seres sociales en nuestras relaciones terrenas, y no menos en nuestra naturaleza espiritual. Somos sociales espiritualmente lo mismo que físicamente, aunque no nos demos cuenta de ello, porque nuestra sociabilidad espiritual puede haber quedado sin cultivar y sin desarrollar. Pero necesitamos realmente comunión divina o espiritual con Dios, comunión social con nuestro Hacedor. Antes de la regeneración, nuestra capacidad moral era un yermo, un desierto. Todos los hombres tienen conciencia y puede que se den cuenta de ello, pero no tienen afecto espiritual hacia Dios y por ello suponen que la religión es algo muy seco. No pueden ver cómo pueden gozar de la presencia de Dios y de la oración. Están despiertos a la comunión y amistad terrenas, pero muertos a la comunión y amistad con Dios. Su amor en la forma de afecto ha sido atraído hacia los hombres, pero no hacia Dios. Parece que no se dan cuenta de que tienen una naturaleza capaz de ser desarrollarla en afectos de amor hacia su divino Padre. De aquí que no vean cómo pueden gozar de la religión y sus deberes religiosos. La frialdad de la muerte entra en sus almas cuando piensan en ello.

Este lado espiritual de nuestra naturaleza necesita ser cultivado. Ha estado abandonado largo tiempo, y aplastado, y tiene una gran necesidad de ser levantado. Pero para conseguirlo y desarrollar el lado espiritual de nuestra naturaleza, es indispensable que el lado mundano sea aplastado y rebajado. Porque la carne es un peligroso enemigo de la gracia. No hay armonía, sino antagonismo y repulsión entre los afectos terrenos y los celestiales. A menos que subyuguemos la carne, moriremos. Y sólo cuando mortificamos las obras del cuerpo, por medio del Espíritu, podemos vivir.

La iglesia de Roma en épocas pasadas se distinguió por las mortificaciones a la carne, externamente consideradas. Estas mortificaciones fueron eliminadas en el mundo protestante, y con ello se fue al extremo opuesto. Entre todos los sermones protestantes que he escuchado, no recuerdo ni uno sobre el tema de llevar la cruz y negarse a uno mismo. He de creer que este tema es descuidado en gran manera en nuestras iglesias protestantes. La Roma papal llegó a extremos desbocados con esta idea; los protestantes parecen que por temor de este extremo han caído en el opuesto. Por tanto, necesitamos hacer un esfuerzo especial para evitar esta tendencia y entrar en razón, sentido y en la Escritura.

Hasta que me convertí nunca supe que tenía afectos religiosos. No sabía, incluso, que tenía alguna capacidad para emociones espontáneas, profundas, que fluyeran hacia Dios. Esto era una ignorancia oscura y pavorosa, y es fácil suponer que conocía muy poco gozo real en tanto que mi alma estaba en perfecta ignorancia de la misma idea de gozo espiritual real. Pero veo que esta ausencia de ideas correctas sobre Dios no es rara. Si buscamos encontraremos que ésta es la experiencia común de las personas no convertidas.

Todos sabemos que la satisfacción de la naturaleza animal es el placer: no placer o goce de la clase más elevada, pero una forma de placer. Cuanto más gozosas van de ser las satisfacciones de nuestros afectos morales más nobles. Cuando el alma llega a un festín en sus afectos espirituales empieza a saborear la felicidad real, ¡una felicidad como la del cielo! Temo que muchos no han comprendido lo que la Biblia quiere decir con "bienaventuranza".

Ahora hemos de considerar bien que este lado espiritual de nuestra naturaleza puede ser desarrollado y satisfecho sólo por medio de una benevolente negación o contrariedad de nuestros apetitos, un contrariar los apetitos bajo las exigencias de la benevolencia real hacia nuestros prójimos y hacia Dios. Este debe ser nuestro objetivo; porque si hacemos de nuestra felicidad personal nuestro objetivo, nunca vamos a alcanzar el goce exaltado de la verdadera comunión con Dios.

Es curioso ver cómo la sensibilidad se relaciona con el negarse a uno mismo, de modo que el negarnos a nosotros mismos, por motivos rectos, pasa a ser el medio natural y necesario de desarrollar nuestros afectos espirituales. Empezando con el temar la cruz, uno va, paso a paso, amortiguando las autocomplacencias, las autosatisfacciones, y abriendo más y más su corazón a la comunión con Dios y a la experiencia más madura de su amor.

Una nueva razón por la que los hombres deberían negarse a sí mismos es que es intrínsecamente recto. Los apetitos inferiores no deberían regirnos; las leyes más elevadas de nuestra naturaleza sí deben hacerlo. La evidencia de esto es simplemente la evidencia que prueba que el deber de seres creados racionalmente es usar su razón, y no degradarnos al nivel de las bestias.

Otra razón es que podemos permitírnoslo, pues vamos a salir penados con ello. Admito que cuando nos resistimos y nos negamos a las exigencias de la auto indulgencia, la cosa va contra la "felicidad" de modo directo; pero en el lado espiritual ganamos inmensamente, mucho más de lo que perdemos. La satisfacción que conseguimos del negarnos a nosotros mismos es preciosa. Es rica en calidad y profunda y ancha como el océano en su importancia.

Muchos piensan que si han de hallar placer han de buscarlo directamente y hacer de ello un objetivo directo, buscándolo, además, en la satisfacción de sus apetitos. No conocen otra forma de felicidad que ésta. Parece que nunca han concebido la idea de que el gozar es realmente el negarse a sí mismos, plenamente, según las exigencias de la razón, Io recto, y la voluntad revelada de Dios. Con todo, ésta es la ley más esencial de la verdadera felicidad. Donde se empieza a evitar la cruz, allí termina la verdadera religión. Puedes orar en tu familia, puedes reprobar el pecado dondequiera que te ofenda, y puedes hacer todo esto sin un negarte a ti mismo cristiano; pero mientras vives en hábitos de auto indulgencia, no puedes defender a Cristo dando la cara y hacer tu deber en todas partes con vigor, y especialmente te hallarás debilitado cuando el camino del deber te conduzca a lugares en que sean heridos tus sentimientos. Y nadie puede esperar escaparse de este tipo de situaciones siempre. Si quieres mantenerte en el camino del deber sin desviarte, y gozar de la vida real y la bienaventuranza, has de decidirte a negarte a ti mismo cuando Dios y la razón te lo pidan, y plenamente, hasta donde te sea demandado. De este modo ganarás más de Io que vas a perder. Si estás resuelto y decidido tu camino será fácil y gozoso.

Ocurre a veces que la corriente total de los sentimientos de un cristiano es hacia la auto indulgencia, de modo que si se le permite que se guíe por sus sentimiento sin duda terminará en un naufragio del alma. Dios, por su parte, le encierra en la fe simple. Entonces, si sigue la guía del Señor, triunfará, y de repente su "alma será como los carros de Abinadab". Se encuentra en mi mente ahora el caso de un hombre que vivió una vez aquí. Después de un período de vida cristiana, salió de entre nosotros, se apartó de Dios gravemente, se volvió prácticamente un infiel, se hizo espiritista swedenborgiano, llegó a ser rico, y cuando uno podría suponer que había alcanzado las alturas de la felicidad terrena, y él mismo lo suponía, de repente entró en un período en que se sentía totalmente desgraciado. Se vio forzado a volver sobre sí mismo y se dijo: "He de volver a Dios y hacer su voluntad, toda ella, sea Io que sea, o de perecer." "Voy a extinguir toda afección del mundo", se dijo. "Nada que sea hostil a Dios va a ser tolerado por mí un momento." Tan pronto como hizo esto, toda su vida y sus goces en la religión regresaron de ello. Entonces su esposa y sus vecinos dijeron de él: "Es verdaderamente un nuevo hombre en Cristo Jesús." A partir de aquel día la paz de Dios rigió su corazón y la copa de su gozo fue llenada a rebosar. Cualquier hombre, por tanto, puede permitirse negarse a sí mismo, pues con ello abre su corazón a los goces de la vida inmortal y la paz. Este es el camino real de la felicidad.

Este punto explica muchos de los hechos de la experiencia cristiana que de otro modo parecen extraños. Aquí tenemos a un hombre que no puede orar delante de su familia. Inquiere más profundamente en su caso y probablemente hallarás que no puede gozar en ninguno de sus deberes religiosos. Inquiere más en la causa y hallarás que no se niega nada a sí mismo, que su vida está regida por las leyes de la auto indulgencia. ¿Cómo puede este hombre agradar a Dios así?

Otro no puede salir y confesar a Cristo delante de los hombres. La verdad es probablemente que no ha decidido negarse a sí mismo nada. Al contrario, a quien niega realmente es a Cristo. Esquiva la cruz. Ah, éste no es el camino del cielo. En este camino no se puede tener comunión con Dios. Pruébalo más veces y hallarás siempre el mismo resultado: no hay paz, no hay comunión con Dios.

Nuestro texto dice: "Tomad vuestra cruz diariamente." Y esto es lo que debes hacer. Este es el único camino posible para vivir santamente. Y debes hacerlo de modo firme, serio, continuo. Debe ser la obra de tu vida, excepto cuando haya un descanso al ganar una victoria substancial sobre tus tendencias a la auto indulgencia. Si un hombre intenta dominar su apetito por las bebidas alcohólicas y lo hace sólo en ocasiones, digamos un día o una semana, y luego se permite libertades entre estos períodos: ha de fracasar totalmente. Nunca va a conseguir nada a menos que tome su cruz diariamente y la lleve en todo tiempo. Debe perseverar en absoluto, o sus esfuerzos no servirán para nada. Precisamente, en proporción a lo estricto que sea en tomar su cruz, ésta va a hacerse más ligera y él más fuerte para llevarla. Cuando un hombre se permite fumar, cada día que se Io permite el tabaco le hace más esclavo. Al contrario, cada día que se abstiene le hace más fácil vencer. Si un hombre de modo resuelto declara: con la ayuda de Dios ninguna concupiscencia, ningún apetito va a dominar sobre mí, y luego se mantiene firme, saldrá vencedor. Aunque al principio emprendas esta obra temblando, si persistes, ganarás terreno. Estos apetitos van a poder menos cada vez en ti. El llevar la cruz te hará más fuerte para la tarea total de la vida cristiana.

El evitar la cruz agravia al Espíritu. Si descuidas tu deber, si dejas de orar en la familia, por el hecho quizá de que hay invitados presentes, puedes estar seguro que esto agravia al Espíritu de Dios. Satán echa estas tentaciones en tu camino, y tú le das toda clase de ventajas contra ti. Es posible que intentes orar en estas condiciones; pero, oh, ¡Dios no está contigo! Has estado en una situación en que debías haber hecho algunas cosas desagradables a la carne y a la sangre; te has escabullido de hacer tu deber; te has ido a la cama cuando debías hacer tu deber. ¿Qué ocurrió entonces a tu alma? No aparecieron espesas nubes que interceptaron la luz del rostro de Dios? ¿Tuviste el consuelo de su presencia? ¿Tuviste comunión con el Salvador? Haz una pausa, por un momento, y pide la respuesta a tu corazón.

Conclusión

1. En tanto que su sensibilidad religiosa no se ha desarrollado, la persona siente una fuerte atracción por los afectos del mundo. ¿Qué sabe de los afectos religiosos del corazón? ¿Qué sabe del amor real de Dios, o de la presencia del testimonio del Espíritu en su corazón de que es hijo de Dios? En realidad, nada. Nunca ha ido más allá de sus tendencias de los sentidos. Naturalmente no ha dado aún los primeros pasos hacia el desarrollo de los afectos celestiales del corazón. Por consiguiente sólo disfruta en lo que es terreno. Su corazón está aquí abajo. Pero a medida que se niega a sí mismo va dándose cuenta y ajustándose a su naturaleza espiritual.

2. Es una cosa grande y bienaventurada para el cristiano el hallar que su naturaleza va siendo conformada más y más, de modo progresivo, en Dios; el hallar que va avanzando por el buen camino y ajustándose, bajo la gracia divina, a las demandas de la benevolencia.

3. Si se persiste en llevar la cruz el resultado es un ambiente maduro espiritualmente. El alma anhela intensamente las manifestaciones espirituales y ama la comunión con Dios. Se le oye decir: ¡Cuán hermoso es el recuerdo de aquellas escenas en que mi alma estaba en quietud delante de Dios! ¡Cómo gozaba mi alma de su presencia! Ahora me doy cuenta de un vacío doloroso en mí, a menos que Dios esté conmigo.

4. Cuando los hombres se dedican a buscar el placer como un objetivo, sin duda van a fracasar en conseguirlo. Toda búsqueda así es necesario que sea vana. La benevolencia lleva al alma más allá de sí misma, y la dispone a hacer la felicidad de los otros. Sólo entonces se consigue la propia.

5. Tu utilidad como cristiano dependerá de que lleves tu cruz y de tu firmeza en este curso de vida; porque tu conocimiento de las cosas espirituales, tu vitalidad espiritual, tu comunión con Dios, y en una palabra, tu ayuda del Espíritu Santo, dependerá de la fidelidad con que te niegues a ti mismo.

6. Si has conocido una vez la bienaventuranza de la vida espiritual, y si tu corazón ha sido mezclado a la imagen de lo celestial, no puedes volver a las ollas de Egipto. Ya no hay la posibilidad de que goces de las cosas terrenas como porción de tu alma. Esto ya está establecido. Abandona al instante y para siempre todo pensamiento de hallar tus goces en los regalos egoístas y mundanos.

7. A los jóvenes quiero decir: vuestras sensibilidades son vivas, y se inclinan a las cosas mundanas. Ahora es el momento de alejar con mano firme al espíritu del mimo y la complacencia personal, antes de que haya ido demasiado lejos para que puedas dominarlo. ¿Te sientes tentado a ceder y tratarte con la manga ancha? Recuerda que es una ley inalterable de tu naturaleza que debes buscar tu paz y bienaventuranza en Dios. No puedes hallarlo en ninguna otra parte. Has de tener a Jesús por amigo o carecer de amigos para siempre. Tu misma naturaleza exige que busques a Dios como tu Dios -- como Rey de tu vida --, la Porción de tu alma para la felicidad. No puedes esperar que pueda ser tal para ti a menos que te niegues a ti mismo, tomes tu cruz diariamente y sigas a Jesús.

8. A los que estando todavía en vuestros pecados no podéis concebir cómo podéis gozar de Dios, y no podéis imaginaros cómo puede el corazón adherirse a Dios, y llamarle mil nombres cariñosos, y verter vuestro corazón en amor a Jesús, permitidme que os pida que consideréis que una comunión así con Dios existe, que hay un gozo así en su presencia, y que podéis tenerlo al precio de negaros a vosotros mismos y de una devoción total e íntegra a Jesús; no de otra manera. Y ¿por qué no hacéis esta decisión? Ya decís: Toda copa de placer mundano está vacía, seca, inútil. Dejadla, pues, soltadla. Desprendeos del mundo y elegid un goce más puro, mejor y que permanece para siempre.

Cómo tener un avivamiento espiritual en tu propia vida - Parte 3 - Charles Finney

viernes, 29 de mayo de 2009

(Tomado del libro REVIVAL LECTURES publicado por FLEMING H. REVELL COMPANY)

“ Haced para vosotros barbecho; porque es tiempo de buscar a Jehová, hasta que venga y os enseñe justicia” (Os. 10:12)


¡MAS PECADOS!

Pasemos a revisar los pecados de comisión.

1. Una mente materialista. ¿Cuál es tu actitud sobre tus posesiones? ¿Crees que son tuyas como si tuvieras derecho a hacer con ellas lo que quieras? Si es así, estás en pecado. Si has amado el tener cosas y has ido tras ellas para satisfacer tu lujuria o tu ambición, o si has hecho grandes tesoros para tu familia, entonces has pecado y necesitas arrepentirte.

2. Orgullo. Recuerda todas las veces que haz tenido orgullo, la vanidad es una forma de orgullo; recuerda cuantas veces has actuado con vanidad respecto a tu apariencia. Cuantas veces has pasado más tiempo arreglando tu cuerpo que preparando tu alma para ir a adorar a Dios. Has ido a las reuniones más preocupado de cómo te verán los demás, que de cómo ve tu alma el Dios que todo lo escudriña. Tal vez, mujer, te has preparado para ser adorada por los hombres más que prepararte para adorar a Dios. Quizás has provocado que se divida la admiración en la casa de Dios, atrayendo la atención en la casa de Dios con tus actitudes llamativas. No quieras aparentar que no te importa que la gente te vea, ¡Se honesta!, ¿Serias tan cuidadosa de tu arreglo si la gente fuera ciega y no te viera?

3. Envidia. Recuerda cuantas veces tuviste envidia de la gente que estaba por encima de ti. Tal vez envidiaste a los que parecían más talentosos y eran más útiles que tú. ¿No has envidiado tanto a alguien que quizás te sea difícil oír que alguien lo honra? ¿Te hace más feliz pensar en sus errores que en sus virtudes, y en sus fallas más que en sus aciertos? Se honesto contigo mismo y si le has dado cabida a este espíritu del infierno, arrepiéntete de todo corazón delante de Dios o nunca te perdonará.

4. Crítica. Escribe las veces en que has tenido amargura y has hablado acerca de los cristianos sin amor y sin caridad. El amor demanda que, en todo lo posible, siempre esperes lo mejor de cada situación, y que pienses lo mejor en cada situación ambigua.

5. Calumnia. ¿Cuántas veces has hablado de las fallas de los demás (ya sean imaginarias o reales) a sus espaldas, sin necesidad o sin tener alguna buena razón? ¡Esto es calumniar! No necesita que sea mentira lo que hablas para que sea calumnia. Decir la verdad con el propósito de lastimar eso es la calumnia.

6. Ligereza. Cuantas veces has actuado ligeramente delante de Dios. Cuantas veces has actuado de manera que no te hubieras atrevido a hacerlo delante de una persona respetable aquí en la tierra. Una de dos, o se te ha olvidado que hay un Dios, o has tenido menos respeto por Él, que el que hubieras tenido por un rey terrenal.

7. Mentir. Entiende lo que es mentir: es cualquier engaño intencionado. Si el engaño no es intencional, no es mentira. Pero si tú intentas dar una impresión que no tiene que ver con la verdad tal cual es, entonces mentiste. Apunta las veces que recuerdas haber hecho esto, y no le llames de otra manera, Dios le llama mentira y te acusa de mentir. Es mejor que te examines correctamente. Son incontables las mentiras que se dicen en los negocios y en la sociedad por medio de palabras, de apariencias, de hechos, cada uno de ellos diseñados para dejar la impresión de algo que no es la verdad.

8. Trampas y engaños. Escribe las veces que has hecho a otros alguna cosa que no te hubiera gustado que te hicieran a ti. Esto se llama engañar y hacer trampa. Dios ha dado una regla para todos los casos: “No hagas a otros lo que no quieras que te hagan a ti”, esa es la regla y si tú la rompes estás haciendo trampa. Date cuenta que la regla no dice que hagas a otros lo que “esperas” que hagan contigo, porque esta regla permitiría toda clase de pecados. La regla dice, “lo que quieras que hagan contigo”.

9. Hipocresía. Hipocresía en tus oraciones y en tus confesiones a Dios. Haz una lista de las veces que has orado por cosas que realmente no deseabas, sabrás que realmente no las querías cuando oraste por ellas porque cuando sucedieron no te acordaste que habías orado por ellas. ¿Cuántas veces has confesado pecados que realmente no tenías intención de dejar?

10. Robar a Dios. Haz una lista de todas las horas que Dios te ha dado para que lo sirvas y para que lleves a la gente a Cristo, y esas cosas tus las gastaste en cosas triviales, en conversaciones vanas, leyendo novelitas, viendo basura, o perdiendo el tiempo. ¿Cuántas veces has malgastado tus talentos o tu inteligencia en cosas vanas? Acuérdate las veces en que has gastado tu dinero en tus lujos, o en cosas que no necesitabas, que no reportaban nada para la salud, para el bienestar, o que no eran útiles. Quizás alguien gastó el dinero de Dios en cigarros. ¿Imagínese a una persona que se dice cristiana gastando el dinero de Dios en ese veneno!

11. Mal humor. Quizás le has faltado a tu esposa, a tus hijos, o tu familia, a los sirvientes o a algún vecino.

12. Impedir a otros ser útiles. Tal vez hayas debilitado la influencia de alguna persona por criticarla. De esa manera no sólo le robaste a Dios tus talentos, sino que también le has atado las manos a otros. Que siervo tan pecador es aquel que no solamente es flojo, sino que estorba a los demás. Esto se hace a veces haciéndoles perder el tiempo, otras, destruyendo la confianza en sí mismos. Has sido un juguete en las manos de Satanás y no sólo has sido flojo tú, sino que has impedido que otros trabajen para Dios.

Cómo tener un avivamiento espiritual en tu propia vida - Parte 2 - Charles Finney

viernes, 22 de mayo de 2009

(Tomado del libro REVIVAL LECTURES publicado por FLEMING H. REVELL COMPANY)

“ Haced para vosotros barbecho; porque es tiempo de buscar a Jehová,
hasta que venga y os enseñe justicia” (Oseas 10: 12)




PECADOS QUE PARECEN PEQUEÑOS PERO SON GRANDES ANTE DIOS.


1.
La ingratitud. Toma este pecado y escribe todas las veces que recuerdas que recibiste alguna bendición de parte de Dios pero que nunca se lo agradeciste. ¿Cuántas ocasiones puedes recordar que Dios haya cambiado los acontecimientos para salvarte de algo malo? Escribe cuántas veces Dios fue bueno contigo y no lo reconociste plenamente; cuántas veces lo hizo cuando aún estabas en pecado antes de tu conversión; recuerda las circunstancias para que te volvieras a Él. Pon en tu lista todas las veces que Él ha hecho misericordia contigo desde que te convertiste. ¿Cuántas veces ha sido tu ingratitud tan grande que correrías a esconder la cara lleno de vergüenza?

2. Falta de amor a Dios. Escribe todas las veces que recuerdes que no le diste a Dios el ferviente amor que se merece. Piensa como te sentirías si descubrieras la más mínima inconstancia en el amor que te tiene tu marido, tu esposa o tus hijos; ¿qué pensarías si vieras que alguien más se ganaba sus corazones, sus pensamientos y su tiempo?; ¡Tendrías celos muy justificados! Dios es un Dios aún más celoso. ¿Has puesto tu corazón en otros amores y lo has ofendido a Él con tu adulterio?

3. Descuidar la Biblia. Escribe las veces en que por días, semanas o meses has despreciado la Palabra de Dios. Las veces que no leíste ni un capítulo, o en las que, si lo leíste, lo hiciste dé tal manera que fue más desagradable para Dios que si no lo hubieras leído. Muchas personas leen el capítulo, pero de tal forma que no pueden decir que fue lo que leyeron; ponen tan poca atención a lo que leyeron que en la noche no recuerdan lo que vieron en la mañana. Esto demuestra qué poco entra a su corazón lo que leen. ¿Si estuvieras leyendo un libro o una revista que te gusta no recordarías que fue lo último que leíste? El hecho de que no recuerdes el tema que leíste demuestra que lees por obligación, más que por amor o por reverencia a la Palabra de Dios. La Palabra de Dios mide tu obediencia. ¿La consideras tan poco importante que olvidas lo que leíste? Sí este es el caso, no es de sorprender que vivas tan superficialmente y que tu vida espiritual sea un fracaso tan miserable.

4. Incredulidad. Enumera las veces que virtualmente has acusado de mentiroso al Dios verdadero a causa de tu incredulidad en sus promesas y estatutos. Dios promete dar el Espíritu Santo a todo aquel que se lo pida, ¿has creído esto?, ¿Has esperado que envíe el Espíritu Santo cuando se lo has pedido? ¿No has pensado en tu corazón “no lo creo”? Dios ha hecho la promesa de Su Espíritu y tú dices que miente.

5. Descuidar la oración. Anota las veces en que has dejado la oración privada, la familiar, o no has ido a las reuniones de oración. Cuenta las veces en que has orado de tal manera que has ofendido más a Dios que si no hubieras orado.

6. Descuidar los medios de gracia. Las veces que has puesto excusas tontas para no asistir a las reuniones, o cuando has descuidado o despreciado los medios de salvación, porque te disgustan tus obligaciones espirituales.

7. La forma en que cumples tus obligaciones espirituales. Sin amor, sin fe, con una actitud impía, de tal manera que fueron solamente palabras de labios. Las veces en que “hiciste tus oraciones” de manera tan indiferente y superficial que a los cinco minutos ya no te acordabas que habías orado.

8. Falta de amor por la gente que te rodea. ¡Mira que poca compasión has tenido por tu familia y por tus amigos! Te quedas parado viéndolos irse al infierno y no parece que te importe. ¿Cuánto tiempo ha pasado sin que pienses cual es su condición, o sin que hayas hecho una oración sincera por ellos, o a la mejor sin ni siquiera haber anhelado su salvación?

9. Falta de interés por los perdidos. Tal vez ni siquiera te has interesado en saber de ellos, ni siquiera te has interesado en que pasa en otras regiones del mundo. Piensa cuando realmente te has interesado en los perdidos y en su salvación. Considera que tan grande es tu deseo de que se salven, piensa cuanto te has negado a ti mismo para que les llegue el Evangelio. ¿Te has negado tus pequeños lujos por ellos?, o ¿te has acomodado en tu modo de vida y no te has dispuesto a pasar el menor inconveniente por ellos? ¿Oras diariamente en tu oración privada por ellos? ¿Asistes a reuniones de oración para orar para que se salven? ¿Apartas algo cada mes de tu dinero para mandar a las misiones? Si no haces estas cosas, y si no agoniza tu alma por los perdidos, entonces eres hipócrita, ¿Cómo pretendes ser cristiano? Él llamarte cristiano es un insulto a Jesucristo.

10. Descuidar tus obligaciones familiares. ¿Cómo vives delante de ellos? ¿Cuánto oras por ellos? ¿Qué ejemplos les has dado? ¿De qué manera los has enriquecido espiritualmente? ¿Qué obligación no has descuidado con ellos?

11. Descuidar tu propia vida. Las veces en que te has afanado por tus obligaciones y no se lo has confesado a Dios. ¿Cuántas veces has sido descuidado con tu comportamiento y has pecado delante de incrédulos, de la iglesia y de Dios?

12. Descuido en velar por los hermanos en Cristo. ¿Cuántas veces has descuidado tu obligación de cuidar de ellos delante del Señor? ¿Qué sabes de sus vidas espirituales? ¿Te preocupas? Y sin embargo, Dios te une a ellos para que cuides su vida espiritual. ¿Que has hecho para tratar de conocerlo?Repasa la lista y cuantas veces encuentres que has descuidado alguna obligación escríbela. ¿Cuántas veces has visto que se enfríe su relación con Cristo en alguno de ellos sin decir nada? Los has visto en una responsabilidad y en otra y no los has corregido con amor. Los ves caer en pecado y todavía dices que los amas. ¡Qué hipócritas! ¿Podrías ver caer a tu esposa o a tu hijo en el fuego y quedarte callado? ¡No! ¿Qué piensas de ti mismo que dices que amas a los cristianos y a Cristo, y que los ves caer en desgracia y no le dices nada?

13. Descuidar el negarte a ti mismo. Muchos de los que se dicen cristianos pueden hacer cualquier cosa mientras que no les requiera que se nieguen a sí mismos pero, pídeles algo que requiera que se nieguen a sí mismos, y siempre dicen ¡eso es demasiado! Ellos creen que ya hacen mucho por Dios, pero no están dispuestos a renunciar a ninguna comodidad ni a ninguna conveniencia por causa del Señor. No están dispuestos a padecer con gusto alguna afrenta por servir a Cristo, ni están dispuestos a renunciar a los lujos de la vida para evitar que el mundo se vaya al infierno.

Están muy lejos de pensar que el negarse a sí mismo es la condición del discipulado, y ni siquiera saben lo que es negarse a sí mismo. No se han negado un adorno o alguna baratija por causa de Cristo o del Evangelio. ¡Este tipo de hipócritas pronto estarán en el infierno! Algunos de estos dan de su abundancia, y dan mucho, pero inmediatamente se quejan porque los otros no dan más. En realidad, no dan nada que necesitan, solo dan de lo que les sobra. Una mujer pobre que de $5 ó $10 al mes se niega más a sí misma que ellos dando miles.

Cómo tener un avivamiento espiritual en tu propia vida - Parte 1 - Charles Finney

sábado, 16 de mayo de 2009

(Tomado del libro REVIVAL LECTURES publicado por FLEMING H. REVELL COMPANY)

“ Haced para vosotros barbecho; porque es tiempo de buscar a Jehová,
hasta que venga y os enseñe
justicia” (Os. 10:12)

Los hebreos eran gente de campo, por eso es muy común que la Biblia traiga ejemplos sobre labores en el campo y el trato con el ganado, pues eran cosas que ellos entendían muy bien. Así que cuando el profeta Óseas se dirigió a Israel como una nación de apóstatas, condenando su idolatría y amenazándoles con el juicio de Dios, usó el barbecho para ilustrarles lo que tenían que hacer si querían volver a tener su favor. El barbecho es un suelo que alguna vez fue labrado pero que en el presente no se ocupa. Debe ser arado (roturado) otra vez antes de que este listo para que se vuelva a sembrar en él.

Hoy deseo mostrar como tener un avivamiento espiritual.

Un avivamiento consta de dos partes 1) avivar la iglesia y, 2) avivar a los inconversos. Explicaré ahora como tener un avivamiento dentro de la iglesia. Primero vamos a examinar lo que significa “hacer para vosotros barbecho” y después veremos cómo hacerlo.


¿QUE SIGNIFICA “HACER PARA VOSOTROS BARBECHO”?

Are el barbecho quiere decir: quebrar tu corazón. Quiere decir que te prepares para dar fruto para Dios. La Biblia a menudo se refiere al alma como la tierra y a la Palabra de Dios como la semilla que siembra en ella. El fruto representa los deseos y las acciones de las personas que reciben la palabra. Arar la tierra quiere decir traer el alma a un estado apropiado para recibir la Palabra de Dios, porque tu corazón a veces está tan endurecido y tan seco que no dará fruto hasta que sea quebrantado, y quede listo para recibir la Palabra. Suavizar el corazón para sentir la verdad es a lo que el profeta le llama “hacer para vosotros barbecho”.


¿CÓMO SE PUEDE QUEBRANTAR UN CORAZON DURO?

No se hará tratando de sentir. La gente se equivoca a menudo en este punto por no fijarse en como actúa la mente. Hablan acerca de “sentimientos espirituales”, como si pudieran por sí mismos atraer emociones. Pero la mente no trabaja así. Nadie puede sentir algo sólo por proponérselo, ya que las emociones no están directamente bajo nuestro control. No podemos forzarnos a sentir emociones porque son estados involuntarios que se producen por circunstancias que los provocan. Sin embrago, las emociones pueden ser controladas de manera indirecta. ¡Esto es obvio! Si no pudiéramos controlar nuestras emociones, de alguna manera nuestras emociones no tendrían ningún valor moral para bien o para mal. No podemos decir: “ahora voy a sentir compasión por esta persona”, pero si podemos fijar nuestra atención en ella y observarla hasta que se despierte la compasión. Un padre que está lejos de su familia si piensa en su esposa y en sus hijos, ¿no sentirá algo?; pero no va a sentir sólo por decir: “ahora voy a tener sentimientos hacia mi familia”, pero sí puede poner su atención sobre lo que quiere sentir y de esta manera traer la emoción adecuada.

Si una persona piensa en su enemigo va a venir a él un sentimiento de odio. De la misma manera que si alguien piensa en Dios y mantienen su pensamiento en alguna faceta de su carácter va a sentir una emoción de acuerdo a donde su mente está puesta; si es amigo de Dios y contempla su gracia y santidad, brotarán en él sentimientos de complacencia, pero si es enemigo de Dios y está pensando en el carácter de Dios, va a tener un sentimiento hostil hacia Dios.

Si quieres romper la dureza de tu corazón y quieres hacerte sensible a las cosas espirituales, tendrás que esforzarte al igual que para lograr cualquier cosa. En lugar de andar todo distraído y esperar que, sólo porque vayas a unas cuantas reuniones, se despertará tu alma, tienes que enfocarte para lograr eso que esperas. Hacer que tu mente se vuelva sensible a las cosas espirituales es fácil. Dios puso tu mente bajo tu control, de la misma manera que puedes controlar tus piernas y brazos. ¡Si la gente controlara sus piernas tan irracionalmente como controla sus sentimientos, nunca iría a ningún lado!

Si quieres romper el barbecho de tu corazón, empieza por ver tu corazón; examina el estado de tu alma para ver como estás; ¡hay muchas personas que nunca hacen esto! Nunca se preocupan por el estado de su corazón y por lo tanto no saben como están espiritualmente, no saben si van para adelante o para atrás, si están dando fruto o no lo dan, saca todo de tu mente y sólo concéntrate en el estado de tu corazón; ¡no tengas prisa!, haz un examen concienzudo y ve como estás, examina si estás bajo el dominio del príncipe de las tinieblas o de Jesucristo. Para hacer esto tienes que ponerte a examinar tus pecados. Esto no quiere decir que te pongas a ver que estás sintiendo ahora. Esta sería lo mejor manera de parar cualquier sentimiento. En realidad nuestros sentimientos morales son tan conscientes como nuestros sentidos. Para descubrirlos sólo tienes que actuar y usar la cabeza, nos vamos a dar cuenta de eso según actuamos, de la misma manera que nos damos cuenta por nuestros sentidos cuando ponemos la mano en el fuego.