Historia del Cristianismo - Tomo 1 - Justo L. González
lunes, 29 de junio de 2009
Reune 1,500 años de historia de la Iglesia. Desde la era de los martires hasta la era de los sueños frustrados. En esta obra, como se ha mencionado en ediciones anteriores, una narración informativa, interesante, dramática, y sobre todo una obra viva que identifica al lector con la fe pregonada por el maestro de Galilea y continuada por sus seguidores en forma valiente y vibrante hasta la muerte, con fieles testigos del evangelio de la resurrección.
Además, este volumen describe con lujo de detalles los extravíos de la iglesia institucionalizada en la cual las ambiciones de la jerarquía eclesiástica, unida al poder temporal, opacó por muchos siglos la verdadera trayectoria de la iglesia. Sin embargo alude vehemente al desborde irresistible de la educación y de la erudición teológica con exponentes de la talla de Buenaventura y Santo Tomás de Aquino.
La expansión de la obra misionera es otro de su temas, junto a las jornadas de las cruzadas que dejaron el estigma vergonzoso de los soñadores temerarios que confundieron el militarismo con la fe. El encumbramiento y el descrédito del papado, el arte gótico, la peste bubónica, y la caída de Constantinopla, son otros los temas expuestos por Dios con claridad meridiana.
No obstante, el énfasis del libro, sin actitudes triunfalistas sino con planteamientos prácticos, recae en la exposición de la fe auténtica que ha sido silenciada y en el ímpetu reformador que se ha afirmado a travéz de los siglos.
En conclusión, podemos considerar esta Historia del Cristianismo, como una fascinante introducción al escenario de la historia de la iglesia para maestros y alumnos, pastores y lectores en general, que disfrutarán de un documento de inestimable valor, escrito en un lenguaje sencillo, ameno, claro y desafiante, que nos invita a profundizar en las raíces mismas de la fe que suscribimos y a continuar con la tarea que nos encomendó Jesús de Nazaret.
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Un sueño del Cielo (A dream of Heaven) - Benny Hinn - Instrumental
Tracks List:
01 - Nearer, My God To Thee
02 - It Is Well With My Soul
03 - Shall We Gather At The River
04 - When We All Get To Heaven
05 - Medley - Jesus
06 - Holy, Holy, Holy
07 - When The Roll Is Called Up Yonder
08 - Savior, Like A Shepard Lead Us
09 - Jesus Shall Reign
10 - Amazing Grace
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Rosa Gutiérrez "Camila La Texana" - Testimonio
Rosa Gutiérrez rescatada de la prostitución alcoholismo y drogadicción, Llamada con el alias Camelia La Texana, Jesucristo rompió las cadenas.
Renueva tu corazón, se como Cristo - Dallas Willard
Tenemos una buena noticia: es posible crecer espiritualmente, deshacerse de hábitos pecaminosos, y parecerse cada vez más a Cristo. Este bestseller nos cuenta cómo transformar nuestro corazón, para que cada elemento de nuestro ser esté en armonía con el reino de Dios.
Después de una introducción al concepto de la transformación espiritual, Willard recorre los caminos a través de los cuales se facilita, entre ellos los pensamientos, los sentimientos, las elecciones, el contexto social, el cuerpo y el alma. Al final de cada capítulo hay preguntas para ayudar a la reflexión personal o en grupo.
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Iglesio o secta - Jaime Miron
¿Tiene amigos o familiares involucrados en una secta o semisecta?
¿Tiene dudas de si un grupo o movimiento está en camino de ser una secta?
¿Desea saber si es hora de cambiar de iglesia?
¿Se ha preguntado por qué las sectas son tan atractivas?
¿Son las sectas un peligro, en especial para los evangélicos?
En Iglesia o secta Jaime Mirón contesta todas estas inquietudes y además da una manera bíblica y práctica para discernir si un grupo, movimiento o líder está en peligro de ser sectarista. Iglesia o secta incluye el cautivante testimonio de una muchacha de 16 años atrapada en una secta: sus luchas, su valor y su triunfo final. Recomendamos este libro para su lectura privada, estudios bíblicos o como base de mensajes en la iglesia.
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William Seymour
domingo, 28 de junio de 2009
En Indiana, Seymour se integró en la Iglesia Metodista Episcopal Simpson Chapel, una rama de profunda tradición evangelística. Después se mudó a Ohio y tras recibir el rechazo por su condición racial, terminó integrándose en un grupo denominado Movimiento de Reforma de la Iglesia de Dios. Este grupo, radical en sus conceptos externos, le acogió muy bien. Al poco tiempo enfermó de viruela, perdiendo la visión en un ojo. Su enfermedad le animó a dedicar el resto de su vida al pastorado. Viajó a Texas y se instaló allí con unos familiares. En 1905 conoció a Parham, que realizaba una campaña evangelística en la ciudad de Houston. Poco después, Seymour se inscribió en el centro de estudios bíblicos creado por Parham en la capital de Texas. Después de completar sus estudios en la escuela bíblica, Seymour recibió una invitación de la señorita Nelly Ferry para pastorear una congregación en California.
La llegada de Seymour a Los Ángeles no pudo ser en un mejor clima espiritual; muchas iglesias de distintas denominaciones estaban experimentando un notable crecimiento. El primer sermón de William a la pequeña congregación fue sobre el texto de Hechos 2:4 (El día de Pentecostés). Su mensaje no fue muy bien acogido por algunos miembros de la congregación. Pero logró reunir un grupo de creyentes en febrero de 1906. Las reuniones en casas humildes no hacían presagiar el imponente movimiento que se estaba gestando en la ciudad. El grupo fue creciendo y un hermano de la iglesia recibió el primer bautismo del Espíritu Santo, aunque el propio Seymour no logró ser bautizado hasta días más tarde.
El crecimiento del grupo les animó a buscar un local para reunirse. Seymour y varios ancianos de la iglesia recorrieron las calles de Los Ángeles hasta dar con una vieja iglesia metodista abandonada, la capilla estaba en la calle Azusa.
William J. Seymour, el Profeta de Pentecostés, calificado como “el gritón sin letras, que impone sus interpretaciones a gritos” nos recuerda, salvando las distancias cronológicas y culturales, a la visión que tenía el Sanedrín en libro de Hechos cuando dice: Entonces viendo el denuedo de Pedro y Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras, se maravillaban y les reconocían que habían estado con Jesús. Los “vulgares” apóstoles, ninguno de ellos perteneciente a la clase alta de su época ni a la intelectualidad, levantaban al pueblo con sus enseñanzas heterodoxas. Llevando detrás suyo esa legión de “pobres, analfabetos o de poca preparación académica, carentes de conocimiento bíblico...que aceptan sin discernir todo lo que les den envuelto en sentimiento y aparente espiritualidad”, que siempre ha sido el grueso del Pueblo de Dios, porque el propio apóstol Pablo lo reconoce al describir en 1ª de Corintios capitulo 1º versículos 26 al 31, el tipo de personas que se acerca al Evangelio y que, a pesar de su escaso conocimiento, son recibidos por Dios.
SEYMOUR Y PARHAM
La calle Azusa se convirtió en poco tiempo en uno de los centros de difusión del Evangelio más notorio de la ciudad de Los Ángeles. Sus cultos eran muy animados, la mayoría de la congregación era afro-americana y expresaba de una forma notoria su efusividad. Los cultos, en algunas ocasiones, duraban diez o doce horas. En ocasiones los predicadores eran
Muy pronto la iglesia se llenó de gente de todas las clases. El pastor John G. Lake decía de las predicaciones de Seymour: Tenía el vocabulario más disparatado. Pero quisiera decirles que había médicos, abogados y profesores, escuchando las cosas maravillosas que brotaban de sus labios. No fue lo que decía en palabras, sino lo que decía de su espíritu a mi corazón, lo que me mostró que había más de Dios en ese hombre, que en cualquiera que yo hubiera conocido hasta ese momento. Era Dios en él quien atraía a la gente.
En 1906 Seymour comenzó la publicación del boletín La fe apostólica que llegó a tener veinte mil suscriptores. Los buenos tiempos dieron lugar a otros más lóbregos. Hubo varios divisiones internas y muchas iglesias de otras denominaciones atacaron la forma agresiva de predicar que tenía Seymour. A esto se unió la errada idea, de que el hablar en lenguas era un medio para evangelizar en países extranjeros. La confusión y el deseo de confirmación en la obra emprendida, llevó a Seymour a llamar a Parham, para que supervisara la iglesia de Azusa.
Tras la llegada de Parham a Los Ángeles, muy pronto surgieron las desavenencias entre los dos líderes y Seymour se sintió desanimado. Parham dedicó varios sermones a reprender algunas prácticas y enseñanzas de la iglesia. Seymour, en cambio, esperaba ayuda y comprensión, pero un abismo separaba dos visiones distintas del pentecostalismo.
Parham observó horrorizado la “libertad” excesiva en los cultos de la calle Azusa. Él era más partidario de un mover del Espíritu con orden. En la iglesia de Los Ángeles la gente bailaba, gritaba, se sacudía y temblaba. Parham narra su propia experiencia en Azusa: Me apresuré a llegar a Los Ángeles, y para mi completa sorpresa y asombro, encontré que la situación era aún peor de lo que había imaginado...manifestaciones de la carne, control espiritista, personas que practicaban hipnotismo a los que se acercaban al altar para recibir el bautismo, aunque muchos recibían el bautismo real del Espíritu Santo...Al hablar de las diferentes fases de fanatismo que hemos encontrado aquí, lo hago con todo amor y al mismo tiempo, con justicia y firmeza... Encontré influencias hipnóticas, influencia de espíritus familiares, influencias espiritistas, y toda clase de ataques, espasmos, personas que caen en trance...Una palabra sobre el bautismo en el Espíritu Santo. El hecho de hablar en lenguas nunca es producto de ninguna de las prácticas o influencias mencionadas anteriormente...El Espíritu Santo no hace nada que sea antinatural o impropio, y cualquier esfuerzo extraño al cuerpo, la mente o la voz no es obra del Espíritu Santo...El Espíritu Santo nunca nos lleva más allá del autocontrol o el control de los demás.
En mayo de l908 Seymour se casó con Jennie Evans Moore. En los años siguientes el número de personas que asistían a los cultos comenzó a descender. Seymor dejó la obra de Azusa en manos de varios ancianos y partió para Chicago. En el lugar de Seymour, la iglesia eligió a William H. Durham y la iglesia comenzó a crecer de nuevo. Durham y Seymour tenían ideas diferentes acerca de la pérdida de la salvación, produciéndose al poco tiempo la expulsión de Durham de la iglesia de Azusa y la formación de una nueva congregación, pastoreada por el expulsado. Seymour volvió al pastorado en Los Ángeles, pero la iglesia estaba casi vacía. El 28 de septiembre de 1922 sufrió un repentino ataque al corazón y murió. Su esposa pastoreó la iglesia hasta su desaparición definitiva.
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El Verdadero Enemigo - Teófilo
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Como predicar para que nadie se convierta
sábado, 27 de junio de 2009
- Predique sobre cada doctrina que centra su atención en el hombre en lugar de Dios. Enseñe cada doctrina que hace al hombre el centro de la atención de Dios, en lugar de Dios el centro de la devoción humana. Diga a la gente sólo lo que Dios hará por ellos.
- Evite predicar sobre la necesidad de un cambio radical de corazón, pensamiento y verdad, revelado al corazón por la agencia del Espíritu Santo.
- Deje que su supremo motivo sea el de ser popular con toda la gente, luego, por su puesto, su predicación será amoldada a ese propósito y no el de la conversión de las almas a Cristo.
- Evite predicar doctrinas ofensivas a la mente carnal, para que nadie pueda decirle como dijeron a Cristo: "Dura es esa palabra, ¿quién podrá oírla?".
- Evite los puntos distintivos, y no moleste las conciencias de sus oyentes, para que no se alarmen realmente por sus almas.
- Evite todo tipo de ilustraciones, repeticiones, y oraciones expresivas, para evitar que la gente recuerde lo que usted dice.
- Evite todo calor y entusiasmo en la presentación de su mensaje, para que nunca deje la impresión de que realmente cree lo que dice.
- Llame la atención sobre las emociones y no las consciencias de sus oyentes.
- Asegúrese de no testificar de su propia experiencia personal del poder del evangelio, para que nunca pueda producir la convicción sobre sus oyentes de que usted tiene algo que necesitan.
- No reviva memorias desagradables, recordándole a sus oyentes sus pasados pecados.
- Denuncie el pecado en una forma general, no haga referencia a los pecados específicos de su presente audiencia.
- No presente la apariencia de que Dios manda a sus oyentes que -aquí y ahora- obedezcan a la verdad. No les haga pensar de que espera que rindan sus vidas en este momento para dar sus corazones a Cristo.
- De la impresión de que la gente debe seguir en sus pecados, y que consideren dejarlos cuando mejor les convenga.
- Predique la salvación por gracia; pero ignore hablar de la condición condenada y perdida del pecador, para que nunca entienda qué es la gracia, y sepa su necesidad de ella.
- Predique el evangelio como un remedio o cura, pero asegúrese de hacer ignorar al pecador su enfermedad fatal del pecado.
- No hable de la Santa Ley espiritual de Dios (por la cual viene el conocimiento del pecado), para que el pecador nunca vea, a la luz del espejo divino, su real condición perdida y pueda arrepentirse.
- No apele a los temores de los pecadores; sino hágales pensar que no tienen nada por lo cual temer.
- Predique de Cristo como un amigo infinito y bueno. Ignorando las reprensiones agudas que hizo a los pecadores e hipócritas, que muy a menudo hacían temblar a Sus oyentes.
- No reprenda las tendencias mundanas de la iglesia, para no herir los sentimientos de nadie y finalmente se conviertan algunos de ellos.
- Admita, ya sea obviamente o casualmente, que todos los hombres tienen alguna buena moralidad; para que los pecadores nunca puedan entender que necesitan un cambio radical y total de corazón; del pecado a la santidad.
- Hable tan poco del pecado que su gente piense que usted ni siquiera cree en su existencia.
- De la impresión de que, si Dios fuera tan bueno como usted, El nunca mandaría a nadie al infierno.
- No haga referencias desagradables sobre enseñanzas de auto-negación, cargar la cruz y crucifixión del mundo, para que nunca puedan ser convictos y convertidos los miembros de su iglesia.
- No reprenda la extravagancia en el vestido, para que nunca cause una impresión molesta en los vanidosos y mundanos miembros de su iglesia.
- Haga mucha promoción de las actividades sociales, y sea el primero en asistir a ellas.
- Haga sentir a sus oyentes cómodos consigo mismos y con usted, y evite de cualquier modo el herir los sentimientos de alguien.
- Asegúrese de predicar a esos que están presentes. Predique sobre los pecadores, pero no a ellos. Diga "ellos" y no "ustedes", para que nadie pueda tomar lo que dice personalmente y aplicarlo a su propia vida, "asegurando" así la salvación de su almas.
- Predique que el nuevo nacimiento es algo que Dios deposita en la gente, no un cambio fundamental en el propósito más profundo de nuestras vidas.
- Nunca diga a los pecadores que deben renunciar a servirse a sí mismos y servir a Dios y hacer su voluntad.
- Nunca diga que el arrepentimiento es una responsabilidad humana de voltearse de sus pecados a Dios. Enséñeles que no tienen que renunciar a todo pecado conocido contra Dios.
- Predique la predestinación en tal forma que resulte en un fatalismo y una apatía de parte de toda la gente. Haga que las personas crean que Dios ya ha determinado quién será salvo y que nada puede cambiar Su voluntad. Así dejarán de preocuparse por la ardiente necesidad de evangelizar al mundo. Lo que usted menos desea es que la gente piense que sus acciones y responsabilidad pueden hacer alguna diferencia.
- Predique que el hombre es totalmente inhabilitado para obedecer a Dios. Enséñele que nadie puede volverse a Dios, sino que debe esperar a que Dios le voltee (le cambie). Asegúrese de que nadie comprenda su verdadera responsabilidad requiriéndole arrepentirse para ser salvo. Nunca permita que sepa que el hombre puede volverse de su pecado a Dios.
- Predique que cada creyente ha nacido criminal y pecador. Enseñe que cada bebe ha nacido culpable y condenado ante Dios. Nunca considere, ni en lo más mínimo, el hecho de que el hombre ha nacido en inocencia. Niegue que el hombre se hace pecador porque, a causa de su rebelión, ha rehusado a amar a Dios con todo su corazón de acuerdo a la luz, y ha decidido egoistamente su propia felicidad, por encima de todo lo demás.
- Predique que la gente puede ser salva sin hacer a Cristo su Señor.
- Predique que la santidad es sólo una opción y no un requisito del evangelio. Enseñe que pueden ser salvos sin realmente ser unos discípulos de Cristo.
- Enseñe a los Cristianos que el pecado es normal y parte natural en el diario vivir, y que nunca pueden vencer la tentación a través del poder del Espíritu Santo.
- Predique que nadie necesita hacer nada. Enseñe que ya son salvos y seguramente destinados al cielo, a pesar de que vivan en la continua práctica del pecado, en rebelión y desobediencia a Dios.
(Adaptado de un articulo por Charles G. Finney)
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Los ángeles caidos - Gordon Lindsay
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Las tres bendiciones en Cristo - David Yonggi Cho
¿Desea que su vida cuente al mejor grado razonable para la gloria de Dios?
Quizás es tiempo de decidir en querer vivir hasta lo ultimo de cada situación que crea sea la voluntad de Dios. Experimentar la dimensión completa de las bendiciones de Cristo en su vida y en su ministerio.
Cada bendición espiritual que gozamos viene de y mediante Jesucristo. Cada creyente es un heredero de Dios y co-heredero con Cristo. Así lo sentencia el libro de Romanos 8:17
Las Tres Bendiciones en Cristo están referidas para el espíritu: la Plenitud de la salvación; para el cuerpo: la Salud; para la vida terrenal: Prosperidad.
Dios nos ama... y su amor desborda en bendiciones. Su deseo es que nosotros prosperemos como hijos de El.
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